Dijo el Lonco Antupillán en 1593, ante el Gobernador de Chile Martín de Loyola: – ¿Será acaso que a Vosotros es lícito agraviarnos y negado a nosotros el derecho a defendernos?

Dicen que cuentan los que saben… Así comienzan los relatos de la memoria profunda y fragmentada del saber de transmisión oral.
Del valor sagrado de la Palabra nos hablan Los Abuelos y su testimonio,
que dialogan, en sus lenguas de origen, con los primeros observadores europeos,
con los gobiernos de la colonia y con los estados modernos.
De esta manera se presentan las dos historias: la oficial y la ocultada.
Su historia y Nuestra historia. La historia de El y la historia de Ella.
Siglos de silenciamiento que impulsan un Genocidio Silencioso.
Miles de pueblos son obligados a desistir de sí mismos, a dejar en el olvido sus más profundos sueños. Que no son olvidados, que son contados, para que las nuevas generaciones sepan de dónde vienen y hacia dónde van.

Un viaje arbitrario, como todo principio, por la Filosofía de los Pueblos Americanos.

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